Historias

Aportaciones literarias

 

Invierno de mujer pobre

Creo que va a llover,
ya llegó el invierno de las personas pobres.
No habrá cartones secos esta noche,
no habrá compañía seca esta noche.
Esconderme del frio y de los lobos,
esconderme del pasado y hacerme invisible.
Solo quiero ser la mujer-piedra, sin moratones.

Antolín Pulido – Escritor
Autor de los libros:
Memoria de los nadie (Trilogía)
Isla Resistencia
Panfletos de amor y lucha
Texto dedicado al Proyecto Enfocar de nuevo

Viernes triste

La dulce agonía me invade, es un viernes triste mientras muere la tarde.
No tengo a donde ir, no tengo quién me espere; otra vez estoy en la calle, buscando sin encontrar un techo donde cobijarme, una luz, un amor donde quedarme.
Tengo sed, tengo hambre, he olvidado mi nombre
Soy un hombre más en la ciudad que es indiferente, y arde Madrid mientra el cielo solloza por los que vivimos en la calle, debajo de un puente, al borde del aire, sigo mi camino, extiendo mi mano, pido, recibo, soy un mendigo, que aún suspira por el amor perdido.

Julio Aguirre Castro
Centro “Luís Vives”

El Diario de un hombre sin hogar

El frío me despierta, son aproximadamente las cuatro de la mañana; desesperado cojo mi botella para calmar los monos y lo helado de la madrugada.

Pronto miro al cielo que es mi techo y la luna es mi reloj, confirmo que son las cuatro; antes que todos se despierten doblo mi colcha y la meto en la mochila, comienzo a caminar, hacia dónde? me da igual.

Acabo de acordarme, primero tengo que ir al chino más cercano para comprar otra botella más, aunque me había prometido no beber nunca la situación me obliga; ahora si continúo mi andar con la botella en mano, me voy a mi hogar que es caminar por las calles, el firmamento mi techo, mi casa donde sea y mi destino no lo sé.

Una persona sin hogar
Usuario del Centro “Luís Vives”

Refugiados

Me miras, me miro…, pero al igual que tú también me tengo miedo.

Me callas, me callo…, pero al igual que tú también grito por dentro.

Me voy de mi hogar para encontrar de nuevo la paz,
pero me guardo los gritos que se escuchaban en el mar.

Sueño cada noche con poder abrir los ojos cuando despierte,
pero esos sueños se quedaron secos en los ojos de la muerte.

Me tocas, me toco… pero seguimos con el frio de la culpa,
en cada cuerpo sigue vagando un alma perdida,
cada mente retiene imágenes de una familia unida.

Intento tocar la luna, aunque las lágrimas impiden que la vea,
¿será eso a lo que llaman “lluvia de estrellas”?

Puede ser que no llegue a mi destino, aunque de ello trate lo vivido.

Pero ahora que la muerte me acompaña más que nunca, ya no me siento solo.

Aunque me mires, me calles, me toques,
sigo siendo ese cuerpo lleno de recuerdos que me alegran al verme.

Emily Cuesta
 Cantautora

Hogar, familia…

Este domingo estuvimos en nuestro centro de acompañamiento “Tandem-Bokatas” preparando las piezas de la exposición del 26 de Noviembre por el Día de las personas sin hogar, con la ayuda de Mariví y Ricardo.
Fue una jornada preciosa que todos disfrutamos en familia. Nos sentimos orgullosos del trabajo realizado y muy contentos de poder estar un fin de semana más en este hogar.
¡Gracias a todos los que participasteis!

Asociación “Bokatas”

El libre albedrío del amor

Sí, los seres humanos vivimos bajo el mismo sol y también debajo del mismo cielo, todos sus rayos de luz emanan una hermandad resplandeciente de amor en la tierra. Así nosotros debiéramos vivir de la mano, juntos, cultivando el jardín de los más hermosos y jugosos frutos.

Rolando Vera Portocarreño
Usuario del Centro “Luís Vives”

 

 

Nunca

Confía en ti,
en ese potencial que llevas dentro,
y nunca, nunca, permitas que te hagan callar,
que te hagan dejar de sentir, disfrutar y soñar.

Carmen Salas
Colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

La calle

La calle pesa tanto,
que cuando te das cuenta,
¡¡te aplasta!!
Lo que la gente no sabe
es que no es lo mismo
vivir en la calle del medio
que ¡¡¡EN MEDIO de la calle!!!

Usuario del Centro “San Juan de Dios”

Solidaridad

¿Solidaridad? Y eso, ¿qué es? Solo cuando ocurre una desgracia gorda la gente se acuerda de ayudar.
Nos hemos vuelto tan egoístas que nos importa un bledo la suerte del vecino. Cuando pedí a mis amigos que me echaran una mano, se hicieron los suecos. “Si te he visto, no me acuerdo”.
¿Que si ayudaría a alguien necesitado? Pues depende. Pero de verdad soy “tan tonto” que sí, que lo haría.
Aunque ahora tengo tan poquito que… ¡Uff!
Yo… sí… sería solidario.
Porque he aprendido que siempre hay alguien que tiene menos y necesita ayuda. Y yo le ayudaría.

M.G.R.
Usuario del Centro “San Juan de Dios”

En cada piedra

En cada piedra una morada sueña con existir. Y por eso, cada llave que abre el jardín donde florece un hogar es el mejor nido donde posar los sueños. Y donde hacer crecer la libertad que alumbre la conciencia y la bondad del ser humano. Cada casa es el pan, el corazón y la lumbre donde cobijar las sílabas doradas de la vida. Por eso, hay que batallar con las cuatro esquinas del alma en favor de los necesitados, de todos aquellos que merecen encontrar un refugio para construir entre sus paredes el sólito hechizo de la prosperidad.

Jorge de Arco
Poeta
Autor de:
Las imágenes invertidas
De fiebres y desiertos
La casa que habitaste

Un cielo sin luz

El cielo se llevó toda la luz,
Estoy sin energía.
¿Dónde la casa? ¿Cómo llegar?

Espero a los amigos
para construir un edificio blanco
sostenido por versos y canciones,
una cueva, un nido, una rayuela donde descansar.
Elevamos pirámides, esbeltos menhires
Y bóvedas que nos protejan.

Las mujeres cuidan de los nidos,
limpian y ordenan el color y la forma,
son la reserva.
Algunos hombres van incorporándose a la misma tarea.

Vivimos en esta calle blanca,
un espacio helado sobre la nada,
donde reina la nieve bajo la piel caliente.
Nuestras arterias arden
pero vamos adaptándonos,
como todo corazón dentro de la montaña.

Entre la barca y los árboles,
una casa o una cueva donde habitar.
Hablar con la naturaleza nos prepara
para soportar el siguiente asedio
de los políticos y los más racionales:
Las fronteras, dicen, son solo creaciones humanas,
pero nosotras, cercadas por el lenguaje,
no dejamos de mirar los confines.

Julia Barella (Octubre 2018)
Poeta
Autora de:
La magia de las palabras en la escritura creativa
Voces de mujeres en la literatura centroamericana
Después de la modernidad: poesia española en sus distintas lenguas literarias

No es no

No quiero tener que escoger entre el azul y el rosa.
No quiero tener que elegir entre quererte o quererme.
No quiero tener que buscarte para luego perderme.
No quiero llorar todas las noches y maquillar mi cuerpo.
No quiero ser esa flor que se marchita al caer la noche.
Mi madre me enseñó el verdadero valor de la palabra ¨No¨.
Mi hermana me enseñó que el cuerpo era solo mío.
Mi tía me enseñó que el querer a alguien no significa posesión.
La noche me enseñó que debo gritar a los cuatro vientos ¨libertad¨.
Mis amigas me enseñaron a quererme por encima de los demás.
Desde siempre las mujeres tuvimos que luchar por la igualdad.
Desde siempre las madres nos enseñan a que nos respeten y a respetar.

Emily Cuesta
Cantautora

Charo

Lucía cruzó el puente y, atravesando la alameda, llegó a la plaza. Allí, bajo uno de los soportales estaba Charo, se agarraron del brazo y se encaminaron hacia la iglesia. Ésta se encontraba prácticamente a oscuras. La iluminación de los velones recaía en el ataúd abierto. Se acercaron.
No sabes lo que ha sufrido en el hospital estos últimos meses tras el accidente.
Y tú. ¡Lo que has aguantado, Charo!
Por eso iba a separarme.
Lo sé. Las humillaciones, los desprecios –dijo Lucía con rabia.
Miró al muerto, que yacía en el estrecho hueco, entre metros de fibra sintética, con los brazos cruzados sobre el pecho, los ojos cerrados y las piernas, juntas y largas, estiradas.
Nunca le había apreciado y se le escapó un gesto de indiferencia.
¿Sabes que aunque no pudiera hablar, me pedía perdón?
Como siempre –pensó-. No quiso llevarle la contraria.
La única mano que podía mover buscaba la mía con desesperación.
Miraron hacia la entrada. Los bancos vacíos. Unos pasos resonaron en la pequeña iglesia.
¿Solamente están ustedes? –preguntó el párroco.
Las dos asintieron, y antes de cerrar la caja Charo se acercó al difunto, rozó su frente con los dedos, ya sin rencor, sin odio y las lágrimas bajaron por su rostro. Lloraba de forma contradictoria, por él y por su libertad.

Elena Campos
Colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

Multiculturalismo o barbarie

Dicen que, hasta 2050, Europa perderá 80 millones de personas en edad de trabajar. Y que África ganará 800. Y que no hay política migratoria que frene eso, que Europa debe cerrar sus fronteras.
No dicen, que también el resto del mundo, perderá poblacion activa, también EEUU y America Latina y Asia, incluido China. Solo el Africa subsahariana, con una edad mediana de 25,4 años, casi la mitad que en el resto, estará en condiciones de proveer de jóvenes al mundo
Tampoco dicen que la productividad decae en las sociedades envejecidas y que Africa será el continente joven, el que crece, el que se urbaniza aceleradamente, al que acuden los capitales, el que reclamará su empuje de una civilizacion viva.
El problema puede empezar a ser nuestro, solo nuestro, el de un Occidente envejecido y quizas envilecido, tentado a retornar al aislamiento y la barbarie por demorar la aceptación de nuestro destino inexorable, multilateral, mestizo, enriquecedor. Ahí está nuestro dilema.

Ignacio Muro Benayas
Profesor honorario Universidad Carlos III

Un sitio

“Hay que tener un sitio a donde ir”.
Yo lo digo… siempre.
Cuando nos desahuciaron a la familia
Fue un “golpe definitivo”.
Medio barrio se enfrentó a la policía:
la Paqui, el Juanmi.
Mis vecinos todos allí
contra unos bigardos.
¡La que se lio fue buena!
Hubo hostias para dar y tomar,
con partes de lesiones de ambos lados.
A la Mechi esguince de tobillo y fractura de muñeca.
Pero, ¡ya ves! ¡Aquí estoy! ¡En la calle!
Sin familia y sin nada.
Mi mujer y los chicos en casa de unos primos.
Y yo aquí, tirado, durmiendo entre cartones
y sin saber a dónde ir.
Por eso, yo digo: ¡Hay que tener un sitio a donde ir!

Fer
Usuario del Centro “San Juan de Dios”

Emigrante

Tu mirada era resplandeciente. Tus ojos grandes, profundos y tranquilos irradiaban serenidad. Te has puesto la bata en silencio, como si de tu garganta no pudiera salir palabra alguna. Has sujetado en tus manos las plantillas de cartón y te has puesto a crear belleza con el color.
Más tarde, por la noche, una sensación de ahogo te saca del letargo en el que te has sumido. Tienes los miembros entumecidos. La temperatura se ha desplomado. No consigues mover los dedos para deshacer el nudo que cierra tu bolsa y encontrar algo con lo que abrigarte.
Amigo mío, te digo que cada decisión te enseñará a conocerte y a comprenderte.
El arte de vivir depende de la capacidad de cada uno para combatir su propia impotencia.

Teresa Hernández
Colaboradora en el proyecto “Enfocar de Nuevo”

Mi experiencia en la calle

No es fácil vivir en la calle. En esta situación tienes que enfrentarte a muchas cosas para las que no estás preparado, puesto que nadie te ha enseñado nada.
Por la noche se pasa muchísimo frio y miedo. Piensas continuamente que alguien, en cualquier momento, te puede agredir por sorpresa. Esta agresión puede ser física, sexual, psíquica…. Es realmente duro.
Por otro lado, está esa soledad constante que, aunque estés acompañado de más gente que se encuentra igual que tú, nunca te abandona. Es muy fácil atravesar épocas de depresión, pues el sentimiento de abandono y la sensación de no tener familia son permanentes.
Durante toda esta época, el hambre te enseña a buscarte la vida para poder comer. Descubres los comedores sociales, donde puedes comer bien, pero a veces, tienes que tirar de ingenio y buscar comida en cualquier lado. También descubres otras formas de subsistir: ayudas económicas para hacer la compra, puntos de recogida de alimentos…
En esta situación, terminas tomando decisiones que quizá no sean muy acertadas, pero que te ayudan a sobrellevar todo. Puedes acabar refugiándote en las drogas, legales e ilegales, para evadirte de todo lo que te rodea…

María José Cordo
Usuaria del Centro “Puerta Abierta”.

El sueño

He soñado con tu caja, he soñado que estábamos en una exposición de cajas y, de golpe, todo el mundo se quedaba paralizado al ver tu caja. Yo estoy contigo y te digo: “tranquilo, sea bueno o malo lo que piensen, al menos piensan en ello”… de repente, la caja se da la vuelta y aparece incrustada en ella una mujer que se pone de pie -está ensangrentada-, nos da un beso, y se va.

La caja tiene incrustados, por la parte de fuera, unos zapatos. Parece que tienen sangre, pero ¿de qué? Al mirar por dentro de la caja, veo el culo de una mujer, quizás también puede ser de algún hombre, que está ensangrentad@.
Mi subconsciente ha interpretado la caja así: aunque la persona maltratada quede dentro de una caja casi sin poderse ver, el calzado pegado a cada una de las partes de su cuerpo siempre dejará marca y llevará consigo el daño causado.

Ufff… ¡¡¡tenía que contarte lo que he soñado!!!

Sara Franco
Cantautora 

Ceguera

Sentada en la esquina, la mirada ausente y la mano extendida.
En el suelo, el vaso de plástico, medio roto, vacío, junto a la vieja manta mugrienta.
Ciudad gris y despiadada, los transeúntes pasan con la mirada perdida.
El vaso tirado en la acera, en pie y con la mirada fija, les grita: “¡necios, yo soy vuestro futuro!”.

Isabel Valcárcel
Historiadora
Autora de:
Mujeres de armas tomar
Septiembre 1936.La liberación de El Alcázar (vol.5, La guerra civil española mes a mes, Biblioteca El Mundo)

Carcelero

Quisiste poseer las nubes, las metiste en una jaula de acero.
La lluvia rompió tu sueño.
Quisiste cerca el canto del ruiseñor, lo encerraste en una jaula de plata.
La tristeza robó su canto.
Quisiste que solo a ti te perteneciera, me hiciste prisionera en una jaula de oro.
Casi lo consigues.
Quisiste eliminar mis pensamientos, no dejándolos salir de una jaula de hierro.
Escapaban porque siempre fueron libres.
Desesperado por conseguir un mundo enjaulado, te convertiste en carcelero.

Carmen Ambrós
Escritora.
Colaboración en:
Ciudades en el tintero
Pasen y vean

En la calle

Demasiado tiempo caliente
Demasiado tiempo fría
Lágrimas contenidas
Soledad en blanco
Besos, caricias
¿Negociamos?

(Del libro A tiempo)

Adela Suárez Gómez
Escritora y colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

Mi casa

El tejado de mi casa es azul por la mañana y por la noche de un
negro brillante.
El aire, que entra por todas partes, me trae tal confusión de aromas que hasta me marea.
Los azulejos del suelo son verdes, marrones… hierbas y hojas que piso con esmero.
Mi casa solo tiene una pega: que cuando llueve se moja y yo con ella.

Isabel Valcárcel
Historiadora
Autora de:
Mujeres de armas tomar
Septiembre 1936.La liberación de El Alcázar (vol.5, La guerra civil española mes a mes, Biblioteca El Mundo)

Infancias

Niños en dulces sueños, rodeados de juguetes.
Niños en tristes sueños, rodeados de la nada.

Niños que juegan, a guerras inventadas.
Niños que viven, dentro de una guerra verdadera.

Niños sonrientes, que rechazan sus meriendas.
Niños que lloran, por falta de alimentos.

Niños que no pidieron nacer, les espera la abundancia.
Niños que no pidieron nacer, les espera la miseria.

Niños que lloran, por rabietas.
Niños sin fuerzas, para llorar.

Niños que nacieron, en el lugar y momento adecuado.
Niños que nacieron, en el lugar y momento equivocado.

Niños obligados, a cambiar el mundo.
Niños que quieren, que cambie su mundo.

Niños que de adultos, deberían romper con la injusticia.
Niños que de adultos, esperan que exista una justicia.

Carmen Ambrós
Escritora.
Colaboración en:
Ciudades en el tintero
Pasen y vean

Insensibles

Muros que nacen y crecen.
Toneladas de hormigón que separan hambre y despilfarro.
Fronteras invisibles se extienden y rompen los sueños.
De vallas con alambres de espino, cuelgan jirones desteñidos de ropas.
Muros sin puerta de entrada, no dejan ver el horizonte.
Fronteras se cruzan en noches sin luna.
Concertinas que brillan al sol cortan la piel, hieren el alma.
Miembros entumecidos, largas horas colgados, a seis metros del suelo.
Muros, vallas, fronteras, concertinas no detienen el hambre.
No rinden los sueños.

Carmen Ambrós
Escritora.
Colaboración en:
Ciudades en el tintero
Pasen y vean

Fragmento de El Pescador de Globos

“Mi trabajo consiste en pescar las ilusiones que se pierden y devolverlas a la tierra para que alguien las recupere…—dijo Max—. Las ilusiones, como los peces, son resbaladizas. Entran y salen de nuestra vida sin que nos demos cuenta. Cuando alguien pierde la ilusión debemos ayudarlo.”

María Antonia Quesada
Autora de los libros:
Inventario de otoño
El tesoro de las mariposas
El poder de tu nombre

Vecinos

Desde hacía nueve años, simplemente eran los vecinos del 8º B. Nadie veía nada. Nadie escuchaba nada. Aunque sí estaban en boca de muchos. Nadie denunció. Durante la noche niños gritaron y sollozaron. Al día siguiente, alguien escribió: HERIDA DE MUERTE….

Carmen Ambrós
Escritora.
Colaboración en:
Ciudades en el tintero
Pasen y vean

Nosotros, vosotros

¡Somos la voz que enmudece nuestra sociedad! ¡Somos la voz de las personas sin hogar!
Hemos llegado hasta aquí para deciros que, por ejemplo, es bonito tener una mascota pero, nosotros, ¿no podemos ser amigos?
Yo soy el mendigo y tú, el vecino del 5º, ¿por qué no muestras ante mi más que indiferencia?
No me ves y pasas ocupado todos los días ante mí. ¿No te has planteado que podría ser a la inversa? ¿Que tú fueras el que tuviese que depender de mí?
¡No mendigo sólo dinero! ¡Mendigo comprensión, intercambiar unas palabras! En definitiva, un poco de calor.
Este es mi día, ¡el nuestro! No solo el de los mendigos, sino el de los que viven en los albergues también. Los pobres, los huérfanos, que como tú pudieron tener otra vida, pero que por circunstancias fueron más frágiles y se embarcaron en el barco de la bebida, las drogas, la prostitución…
Nosotros te pedimos hoy que seas solidario, que nos prestes tu atención y que nos ayudes a decir que todos unidos haremos un mundo mejor.
Anónimos sin derechos
Sin libertad de expresión
Atte.:
¡Las personas sin hogar!
P.D. Un minuto de silencio por nosotros, por los que nos cuesta horrores no poder defendernos por nosotros mismos.

Usuario del Centro “Luis Vives”

Fugitivo

Caminó durante varias horas en la oscuridad. No sabía si avanzaba o retrocedía. Se perdió y volvió a encontrar el camino. Metió los pies en charcos de agua viscosa y resbaladiza y cuando a lo lejos oyó el afilado canto de un gallo, creyó que estaba salvado. Entonces llegó a un pueblo dormido y silencioso, robó algunas manzanas de un huerto y unas patatas que comió crudas. Al romper el día, un perro le mordió en un tobillo y unos chavales andrajosos le tiraron piedras y se burlaron de él. Creyó que éste había sido su pueblo pero no lo reconoció. Era un lugar desolado y arrasado por las bombas que ya no le pertenecía.
Escondido detrás de una casa en ruinas, esperó a que se hiciera de noche para seguir huyendo ¿de qué? No lo sabía. Su destino era huir. Contempló la colina que tantas veces había recorrido en el tórrido verano, entonces llena de flores, insectos, lagartijas y mariposas. Ahora, parecía un túnel tenebroso lleno de criaturas ocultas acechando su paso. Por la noche, entró en el sendero boscoso y mientras corría, las ramas desnudas de los árboles como dedos sarmentosos se le enganchaban en el pelo y le desgarraban las ropas.
Esta vez no fue el afilado canto de un gallo lo que le llevó a su destino, sino el silbido de una bala disparada por otro fugitivo como él. Las piernas se le quedaron sin huesos y se doblaron. Entonces cayó. De alguna parte, lejos, llegaban voces. La luna, helada, parecía de gelatina.

CARRRRRRRMMMMMMMLOUZAN

Carmen Louzan
Escritora y colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

Mi hogar

Por la calle, ando y cuando me canso,
me paro en mi banco y descanso.
Cuando estoy alegre, me río en tu banco.
Cuando leo, me siento en un banco.
Si quieres te beso y hacemos el amor
en mi banco, a la luz de cada luna,
bajo cada lluvia.
Las estrellas alumbrarán tu ombligo,
pegada a ti, me haré un ovillo.
Cuando estoy triste, lloro en aquel banco.
En noviembre no me llegará la carta
del IBI…
Pero tengo miedo…
A mi banco le han puesto ¡un código de
barras!…¡ y no sé si el año que viene
me llegará la carta!
De momento, este año soplaré tranquila
las velas de mi tarta.
Ven… mi banco no tiene habitaciones,
pero juntos podemos cantar una canción y
soñar que miramos un banco desde el balcón.

Adela Suárez Gómez
Escritora y colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”
Autora de:
A Tiempo

 “100xcientas” // El rap de las mujeres sin hogar

Acabas en la calle, huyendo del machismo
¿Y allí qué es lo que encuentras? Pues te encuentras con lo mismo,
En la calle o en las casas, solo cambia el escenario,
Acosadas y violadas, agredidas y maltratadas.

En la calle y en las casas creen que les necesitamos
sólo quieren nuestro hoyo pa’ hincarnos el palo
No duermas sola en tu saco
A cambio de un trabajito, yo te protejo un rato

En la calle las mujeres nos ponemos un disfraz
Chica mala todo el rato, no sumisa ni obediente
Dormimos siempre a alerta por lo que pueda pasar
Piensan que somos objetos que todos pueden usar

No soy una golfa No soy una loca
Soy superviviente… ¡¡Y una mujer valiente!!

En los albergues a las mujeres nos hacen el paseíllo
¡Eh, que ha llegado una nueva! ¡A ver quién se la queda!
Un día un machito se coló en mi habitación
sin palabras, con su fuerza, contra mi se restregó.
Me manchó mi camiseta, mi camiseta más querida
Y me tiró 20 euros sin ningún remordimiento
Cuando le pillé en la calle le plante cara al cabrito
Y se me achantó el muy machito.

Seis años trabajando cuidando a un vejestorio,
Va un día el muy mamón, se plantó en mi habitación.
Déjeme tranquila este es mi espacio
Yo le respondí: ¡Váyase usted para abajo!
Otro día le bañaba, el viejito me observaba
Él me dijo: “aliviame esto” Yo le dije: ¡no, no, no!
¡Y tú mismo con tu mano, tienes pues la solución!

En las calles y en las casas al machismo
¡¡GUERRA, GUERRA!!
Que no seamos dos… que no seamos doscientas,
¡¡Que estemos todas juntas!! ¡¡AL CIEN POR CIENTAS!!

Denuncia te dicen, denuncia te claman
He denunciado y denunciado y no es buen trago
Se te ríen en la cara, ridiculizan tu aspecto
Y de propina te la llevas: ¡Algo habrás hecho!

Si tienes pareja los demás sí te respetan
porque ya tienes dueño que te pasea
y compartir la calle y renunciar a ayudas
y recibir reproches: ¡todo esto es culpa tuya!

Vinieron amenazas, y los celos también
El hombre me decía: “no lo mires a él”
¡Tú eres mía! Tantos golpes ¡qué ironía!
Tantos malos momentos que mi cabeza los borró
Tantos huecos en mi vida que ha dejado tantas heridas
Tantos huecos en mi memoria que ha dejado este hombre en mi historia…

No soy una golfa No soy una loca
Soy superviviente… ¡¡Y UNA MUJER VALIENTE!!
En las calles y en las casas al machismo ¡¡GUERRA, GUERRA!!
Que no seamos dos… que no seamos doscientas, ¡¡Que estemos todas juntas!! ¡¡AL CIEN POR CIENTAS!!

Asociación “Realidades”

Sin dolor

Contó hasta veinte
los años que ella tenía.
Esperó a estar sola,
lavó las heridas
con sus lágrimas.
Tenía frío
y…
de gasolina
perfumó su cuerpo.
Contó hasta veinte
los años que ella tenía
y…
con fuego se calentó.
Hoy
sólo tiene
un recuerdo…
No sentí dolor.

(Del libro A tiempo)
Adela Suárez Gómez
Escritora y colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

Volver

¡QUIERO volver a casa…!
Gritó en dirección a ninguna parte.
Pero no había casa alguna a la que volver.
Sus palabras cayeron al fondo del barranco sin ser oídas.
Pasaron muchos otoños y primaveras. Errante y solitario como una isla en el mar,
los recuerdos ya no le daban calor.

                                         Quiero

                             Volver

                        A

             Casa

Suspiró bajito

Sus palabras se fundieron en la nieve, sus recuerdos también.
¡ Vaya, una hormiga… juntos nos pondremos en camino!
¡¡¡Se acabó el invierno!!! Volvemos a casa.
Pero no había casa alguna a la que volver.

CARRRRRRRMMMMMMMLOUZAN

Carmen Louzan
Escritora y colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

Alegría

No me lo podía creer: ¡Me voy a España!
Me dieron la noticia hoy.
Me voy a encontrar con Sergio
y viviré en “San Juan de Dios”.
No estaré en la calle.
Podré estudiar, tener un futuro
y trabajar en lo que me gusta.

Ouassim
Usuario del Centro “San Juan de Dios”

El derrotado

¿Cuánto dolor se esconde
en la mirada de los hombres tristes?
¿Qué infinita nostalgia acompaña
los silencios de su eterna noche?
No lo sé. Pero había espasmos de derrota,
y desaliento en la expresión
aburrida de aquel hombre,
recostado e indolente en la insípida
marquesina de una calle cualquiera,
de cualquier metrópoli apagada,
mientras esperaba sin esperar
el último tranvía hacia la indiferencia.

José María Triper
Poeta
Autor de:
Paisaje urbano
Aunque sea solo
En el desván del tiempo

De vuelta a lo esencial

¡Despierta soñador! Otro día más te ha sido regalado, ¡aprécialo!
¡No te lamentes! Sabías que no iba a ser fácil, tu padre te lo dijo: “¿Qué vas a ir a hacer a España? Hay cinco millones de parados”. Ni caso. Todos tenemos una suerte diferente -pensé- solo traje conmigo un par de cambios de ropa y mucha ambición. “Comerme el mundo” respondía cada vez que me preguntaban el por qué de mi decisión, soy joven y guapo, ¿por qué no iba a conseguirlo? Con los objetivos muy claros planifiqué mi vida en Europa, un nuevo mundo lleno de posibilidades. Seis meses tardé en conseguir mi primer trabajo -pinche de cocina-, no era el trabajo de mis sueños, pero no pasaba nada, era pasajero. Segundo año -nuevo trabajo, pizzero- no pasaba nada, era pasajero. Tercer y cuarto año más de lo mismo, pero de bajón, me había enamorado y no había acabado bien, sabía que saldría de ésta, ¿pero cuándo? Quinto año -desempleado, pero mejor, ya no pensaba en ti como solía hacerlo, conforme pasaba el tiempo tu recuerdo era menos frecuente. Sexto año -nuevo trabajo, no me gustaba-, pero era lo que había, había que trabajar. Séptimo año -desempleado, pero en un nuevo lugar, Madrid- ¿Cuántas personas desearían vivir aquí? Creo que son muchas, pero pocas las que pueden. Y aquí estoy, por primera vez en la calle, comenzando de cero, Madrid es mi nuevo hogar. Soy otro, más mayor y más guapo también porque la luz de mi espíritu brilla como nunca antes lo hizo. De aquí no pienso irme, aunque apriete, aunque llueva… ¿Frío? No me importa, de aquí no me voy porque estás conmigo, eres la fuerza que me mueve, a ti te debo todo mi ser, hará año y medio que te he conocido y me has hecho renacer. ¡Gracias!

SO HAM
Usuario del Centro “Luz Casanova”

El inmigrante

Se despertó con la sensación
de haber vivido cien años
en cien días.
Las ilusiones perdidas
y los sueños rotos.

Estaba cansado,
muy cansado.
Ignorante e ignorado
en país extraño.
Perdido entre las sombras
anónimas de un mundo
y un paisaje diferentes.

Guardaba en su vieja mochila
algunos recuerdos,
pocas añoranzas
y demasiadas decepciones.
Los sentimientos confundidos,
la mirada ausente
y en el alma el amargo sabor
a soledad e incomprensiones.

Desertor del hambre y de la guerra.
Viajero sin más norte
que el renacer de un mundo nuevo,
su quimera se diluyó
en el horizonte.
Sólo esperaba ya sobrevivir.
Alcanzar, un día más,
algún sustento
y un lugar donde dormir
arropado por la indiferencia
impasible de la gente…

Y siempre, ese frío
insoportable en el ambiente.

José María Triper
Poeta
Autor de:
Paisaje urbano
Aunque sea solo
En el desván del tiempo

La conjugación

Hay cosas que nunca se olvidan. Algunos de los que nos reunimos por las noches opinan que son las matemáticas elementales: “Imposible no andar haciendo cálculos durante todo el día”. Otros creen que se trata de la geografía: “Este es el lugar mejor situado para refugiarse del frío, a orillas de…”. En mi caso siempre me ronda por la cabeza la conjugación del pretérito. Algunas mañanas, buscando un poco de luz en medio de este vagar de tinieblas, me recuesto bajo la ventana de algún colegio para escuchar a la inocente edad recitar la lección. Y mientras el vigilante me empuja señalándome las inconveniencias de que yo esté allí repito con ellos “Yo tenía, tú tenías, él tenía…”.

Lidia Rodríguez Miguel
Filóloga
Autora de: 
Días grises con vientos que susurran palabras de esperanza 

Equator

El ecuador es el plano perpendicular al eje de rotación de un planeta y pasa por su centro. Divide la superficie del planeta en dos partes: el hemisferio norte y el hemisferio sur. Por definición, la latitud del ecuador es 0°. El plano del el ecuador “corta” la superficie del planeta con una línea imaginaria.

el 21 de noviembre de 2015 sufrí un aneurisma en mi cerebro. Para salvar mi vida realizaron una operación que dejó una cicatriz en mi cabeza que la cruza de un lado al otro. Mi cabeza es mi mundo y esta línea divide la superficie de mi planeta en dos partes.

Este evento causó varias problemas en mí y, desde entonces, he dedicado muchísimo trabajo y esfuerzo para recuperarme. Sé que es imposible o muy dificil que me recupere al 100% pero también sé que en Japón existe algo que llaman “Kintsugi”.

“Kintsugi” (carpintería de oro) o “Kintsukuroi” (reparación de oro) es una técnica de origen japonés para arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia. ​

Eso es lo que yo quiero lograr. En lugar de intentar ocultar lo que pasó, quiero construir una nueva yo basándome en las piezas que quedaron bien y construir las nuevas piezas que me ayuden a ser quien seré a partir de ahora.

Mariana Escribano
Pintora

¿Para qué?

Para qué darle más vueltas… Estoy en un albergue… en el de “San Juan de Dios”… Y ya está.
No es algo que esperabas de la vida. Te habías preparado…Bien. Muchos estudios… Mucha Universidad y… bueno… un día… todo se va al garete… Vale… De acuerdo. Por no ser previsor. Por no pensar “en el futuro”… Por ser un cabecita loca…
¿Para qué? Tantas esperanzas… ¿Para qué? Tanto talento… Pues lo dicho ya.
¿Para qué darle tantas vueltas? Yo antes era… ¡Tú!

Usuario del Centro “San Juan de Dios”

Un futuro mejor

Las echo tanto de menos:
a mis hijas y a mi mujer.
Ahora soy un “sin techo”,
No tengo casa, ni familia.
Tuve que venir.
La situación era insostenible en mi país.
Yo vine como avanzadilla
para buscar trabajo,
comprar los billetes de avión para ellas
y estar juntos todos.
Yo vivo en el albergue de “San Juan de Dios”
y no en la calle, por suerte.
Los alquileres son muy caros.

Alex
Usuario del Centro “San Juan de Dios”

Inventario de bienes

Dicen que perdí todo.

Pero cada mañana me echo a andar por la Puerta del Sol con cuanto poseo; el mediodía me perfila mi sombra en la Calle Preciados y la noche me procura manta en la plaza de Tirso de Molina. Es cuando puedo cerrar los ojos y recorrer la geografía de la jornada con una rigurosidad milimétrica: tengo tres euros y un dolor nuevo que cargar en mis bolsillos.

Dicen que no tengo nada más que perder.

Pero yo me apaño en mis sueños, en esos imprescindibles, esos que no quedaron enredados en el agobio de las cuentas por pagar, en el abandono, en el destierro, en la fuga, en el desamor, en el miedo. Ellos me acompañan a pesar de mí y del minotauro que gime en mis entrañas. A veces, cuando me descuido, tengo nostalgias de casa, de pan y vino, de mesa compartida, de un abrazo largo que vuelva y me arme, pero a bien que tengo por costumbre domesticar mis fantasmas.

Dicen que soy uno entre tantos.

Pero soy una estadística con rostro, una historia en singular que me da nombre y amarre. De la vida no me exilio. El amor y la muerte, nos hacen pares, nos igualan. Soy humano, no una problemática social por resolver, no una carpeta con número de caso, no una silueta incómoda en el umbral.

Dicen que perdí todo, que no tengo nada más que perder, que soy uno entre tantos. Y sin embargo tengo una alborada que impulsa mis pies cada mañana; una risa que cultiva lo simple; una piel, que es mi casa; un pecho, galaxia que navega el corazón como centro. Tengo manos transcurridas de caminos; nubes, estrellas en la frente. Tengo este momento, esta respiración azul que se desliza luminosa por mis propias grietas. Lo que hay de humano en mí flamea, sobrevive a cada batalla que gano y cada batalla que pierdo.

Dicen que perdí todo y sin embargo lo tengo todo conmigo.

Vera Carvajal
Escritora
Autora de:
Érase una mujer
Días de Cosecha
Manuela en el Desierto

El Magnolio

En el jardín de la casa había un magnolio. Siempre fue el refugio de Luis.
Cuando jugaba con los amigos al escondite, fijaba su hombro al tronco y aguantaba la respiración para no ser descubierto.
Con Ana, al salir del colegio, dejaban las mochilas en el suelo y subían a las ramas a contar historias.
En primavera, trepaba hasta descubrir los nidos de los gorriones, y observaba su evolución.
El perfume de sus flores invadía el barrio en el mes de junio.
Él no quería subir a casa. Sus padres discutían. Su madre lloraba. Huía, con lágrimas, y su árbol le acogía.
Un día su padre tenía un cuchillo en la mano. Se lo clavó a la madre en el estómago y salió corriendo.
Luis, esta vez, no huyó, ni lloró, acarició la cara de su mamá, llamó al 112 y esperó.
Ahora, Luis y su madre, viven en un apartamento. No hay jardín. No hay árboles. No hay padre.
Recuerda el magnolio que le acogió y acompañó durante años, pero no necesita refugio. Lo tiene en casa.

Montserrat Peiro
Escritora y colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

La prensa

Juan, un personaje extraño, culto, con buenos modales y viviendo en la calle. Eligió como refugio el escalón de una oficina, en la Plaza de la Paz, enfrente del quiosco de Rodolfo.
Cada atardecer colocaba los cartones, casi siempre limpios, sacaba dos coloridos edredones del mugriento carro de la compra, que le acompañaba allá donde fuera, y se tumbaba, cubriéndose hasta la cabeza.
A las seis de la mañana llegaba el quiosquero y le saludaba.
Como respuesta, un gruñido y un suave movimiento del cuerpo, se hacía el remolón, se levantaba, recogía sus cosas, y cada día ojeaba las esquelas del periódico que Atanasio le prestaba. Luego desaparecía, decía que iba a Cáritas para asearse y a los comedores sociales. Aceptaba lo que le daban, nunca pedía y no molestaba.
Contaba que era sobrino, y único heredero, de una ricachona que vivía en un palacete de la calle Serrano y ansiaba ver la noticia de su deceso. El quiosquero conocía más detalles, de tantos días de madrugadoras charlas, pero aun así le consideraba un fanfarrón.
Una mañana no estaba en su lecho, ni los cartones, ni la ropa ni el carro. Todo escrupulosamente limpio.
Rodolfo, extrañado, abrió el negocio, puso en orden revistas y periódicos, y en uno de éstos buscó las páginas de las esquelas. Ocupando una entera estaba la tía de Juan. Se alegró al pensar que éste era el motivo de su ausencia, hasta que al cerrar el diario, en un recuadro pequeño vio la siguiente noticia:
“Muere un indigente apaleado.

La pasada madrugada, tres jóvenes golpearon hasta la muerte a un mendigo que ocupaba un portal de la Plaza de la Paz”.

Montserrat Peiro
Escritora y colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

Fátima

Fátima se encerró en su cuarto. Previamente había quitado el espejo, depositándolo en el suelo del pasillo. Bajó la persiana, extendió el visillo y las cortinas, apretándolas contra la pared para que no penetrara la luz. Se tendió en la cama y lloró.
Tenía un nudo de rabia en su estómago. Había ido creciendo, y enredándose cada vez más, en los últimos dos meses de estancia en el hospital. Allí, en habitación compartida, y atendida con cariño por todo el personal fue tragando sus lágrimas. Por fin, en su casa, sobre sus sábanas, y sola; su llanto fue debilitando la presión torácica.
Hoy, a las seis de la tarde, se cumplirían sesenta días de su desgracia. Maestra de primaria solo para niñas, acababa de volver del trabajo cuando sonó el timbre de su casa. Se había puesto las zapatillas y una bata ligera para soportar el calor. Abrió con ímpetu, delante había un niño de doce o trece años al que no conocía. Y de repente, sintió un calor insoportable en su cara, y un líquido viscoso y ardiente se escurría por su cuello e invadía su pecho.
Su siguiente recuerdo era en una habitación de hospital con una enfermera que le cogía la mano, y dolor. Mucho dolor, y escozor agujereando su cuerpo.
El ácido se había comido parte de su carne, le habían hecho algún pequeño trasplante de piel, pero su rostro estaba desfigurado y sus costillas cubiertas por una fina piel sonrosada. Afortunadamente las gafas habían protegido sus ojos. Aun así, la primera vez que pudo mirar el espejo del lavabo, mal iluminado, deseó tenerlos ciegos.

En un mundo de hombres, donde la mujer carece de derechos, Fátima siempre se sintió persona. Capaz de pensar, hacer y decidir. Luchó para todo y por todo. Muchas veces se había cansado, dudado, caído y levantado. Y ahora…
Cuando sus ojos se secaron y su cuerpo se relajó, tomó la decisión de volver al trabajo y a su vida cotidiana. Ella no era culpable.

Montserrat Peiro
Escritora y colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

Entre cartones

Naciendo y muriendo,
temiendo y luchando,
recordando,
ENTRE CARTONES.
Cayendo y levantándome de nuevo,
arrancando un minuto a esta vida difícil.
Reponiendo energías.
Taladrando el ensueño.
Oyendo, escuchando, ¿durmiendo?
Naciendo con el día.

ENTRE CARTONES…
ENTRE CARTONES
CREANDO.

Ángeles Vaquer Juberías
Colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

Las palabras  nombran casi todo

hipotecar
• garantía, fianza, inmueble, gravamen, carga, obligación
o Antónimo: liberar

hogar
• casa, domicilio, morada, vivienda
o Antónimo: calle

gastos corrientes
• Desembolsos ordinarios
o Antónimo: caridad

edredón
• cobertor, sobrecama
o Antónimo: cartón

protección
• defensa, amparo, abrigo
o Antónimo: miedo

recibo
• resguardo
o Antónimo: exclusión

transferencia
• cesión, entrega
o Antónimo: aislamiento

diversión
• placer, recreo, solaz
o Antónimo: hastío

padrón
• censo, registro
o Antónimo: invisibilidad

vivir
• residir, albergarse
o Antónimo: sobrevivir

manjar
• exquisitez, delicia, ambrosía
o Antónimo: sobras

María José Moreno Abián
Premio Ana Orantes. Calatayud 2014
Premio Ella y el Abanico. Barcelona 2016

Solamente una vez…

Tenías una edad indefinida, en torno a los cincuenta, tu pelo era  blanco y ligeramente largo. Tu tez, curtida por el sol, delataba tu reciente estancia en la costa. Alto, esbelto, cuando cantabas se te veía una dentadura blanca y bien cuidada…

– No puedo, no puedo ya…

Comentabas contigo mismo mientras te acercabas al oído la vieja casete en la que sonaba la canción. Una y otra vez rebobinabas la cinta para ensayar de nuevo: “solamente una vez, se entrega el alma… Solamente, una vez, y nada más…”

El gastado smoking negro se movía al compás de los puntiagudos zapatos de charol negro. Marcabas el ritmo cadenciosamente, con soltura y delicadeza.

– Ya no tengo voz. Y además, con este ruido de los coches, no se puede…

No te dirigías a nadie en particular,  ni tu mirada se posaba en alguien en concreto. La gente tampoco te veía, ni te escuchaba, no eras nadie y, sin embargo, irradiabas  una personalidad de artista venido a menos, una personalidad  herida, desgastada, pero aún visible.

– En, fin, he perdido voz…

Tus ojos tropezaron con los míos. Yo esperaba a unas amigas para entrar en el teatro. Pasé de la indiferencia al interés y a sentir cierta pena…

– Ya no venden esta canción, no reponen las cintas. Solo algunas canciones, pero ésta, por más que la he buscado, no la encuentro, ni tan siquiera en el Rastro…

Me fui sintiendo atraída por ti, con esa  pinta de galán de película antigua. Parado frente a mí tuve la sensación de que hablabas conmigo  sin esperar respuesta.  Ambos nos hicimos presentes de manera tan sutil que nadie se fijó en nosotros, en nuestra mirada intercambiada.

Un breve comentario y vuelta a cantar, a poner esa canción para “encontrar el tono adecuado”, mientras tus pies danzaban en pasitos cortos, perfectamente sincopados.

Te observé más detenidamente. El smoking dejaba entrever una camiseta azul eléctrico Se te veía elegante, “con estilo”, como un cantante de esos espectáculos que viajan en los grandes transatlánticos. Solo la mochila que llevabas colgada de un hombro, vieja como tu smoking, te daba un aire de vagabundo.

– Y ahora tenemos conciertos en Barcelona y en Alicante. Recorremos toda España. Claro que dormimos en el campo porque, si no, es muy caro. Está muy caro el alojamiento. Aquí mismo, en Madrid, me voy al campo por la noche, está muy caro…

Yo asentía, sin atreverme a más, impresionada  y acongojada como estaba.

¿Quién fuiste? ¿Quién o qué te derribó del pedestal?  Y ahora verte así, en la calle, inmerso en un tiempo ya pasado… Quería saber, pero no me atreví. Abrieron el teatro y cuando nos disponíamos a entrar dijiste:

– Diez minutos más y me iré. Ya solo me quedan diez minutos.

¿Fue una advertencia?  ¿Me hablabas a mi o a un fantasma?  Vi cómo te alejabas calle abajo…

He vuelto por el teatro para ver si me encontraba contigo. Me gustaría invitarte a un café e incluso escribir algo sobre ti, aunque dudo que de habernos visto te hubiera abordado. Han pasado ya nueve días y ni rastro de tu persona. Nos encontramos “solamente una vez, y nunca más…”.

Isabel Valcárcel
Historiadora

Las Manos

Cuando nació Leo y conocí a Javi, todo giraba en torno a ellos. Leo era muy pequeño, lloraba, me daba la sensación de que se sentía que le “Abandonaban”, que pasaba de mano a mano. De las de su padre, pasaba a las mías, lloraba. Yo le veía llorar, me hacía daño, sufría por él. Tan pequeño, le dejaba en el autocar y lo cogían manos distintas a las mías. Sí, las de la monitora y seguía llorando y después en el colegio le dejaban allí en guardería y volvía a llorar se quería quedar con la monitora, pero no debía.
Unas manos le cogían de nuevo y otras en el comedor le daban de comer, le llevaban para que hiciera siesta… ¿Cuantas manos le habrán tocado? Manos expertas, suaves, rugosas, de mujer, de hombre, de niña, así todas las manos posibles le lavaban, le peinaban, le daban calor, le calmaban o le lastimaban… así eran las manos probables o posibles que le hicieron descubrir mundos secretos y dolorosos que más tarde le llevarían a “Otros Mundos” más oscuros y desagradables que le convertirían en un ser desalmado que haría daño a otros niños. Así fue la historia de Leo, que solo buscaba en las manos aquello que le calmaba cuando apenas tenía uno o dos años. Necesitaba calor y lo hacía con manos que coleccionaba, que cortaba y troceaba. Luego las guardaba en grandes frascos y los coleccionaba para disfrutar contemplándolas. Así era su vida, hasta que un día le encontraron en el suelo de su apartamento muerto y rodeado de todas “sus manos” esparcidas por encima de su cuerpo y alrededor de él.

Carolina Rivas Azcueta
colaboradora en el proyecto
“Enfocar de nuevo”

Volver a la vida

Y entonces veo a aquella gente como adorables bestias primitivas apalear sin cesar el vientre de un olmo, descarnándolo, machacando sus entrañas una y otra vez, como mar embravecida vapuleando a pequeños islotes. Y entonces siento una mano en el hombro, me da un palo y todas las miradas confluyen en mí, el anciano se larga con un grito y respondo ciertamente con otro grito tan espantoso como aquel. Me uno a ellos, siento su dolor contenido. Seguir golpeando… oír sus risotadas locas del sin sentido de dicha acción, acabar rendidos bañados en sudor y éxtasis sin cordura. Y entonces me brotan las lágrimas como hacía tiempo que no ocurría… ahora estoy igual que ellos. Juntos poco a poco recuperaremos la fe en nosotros mismos, nos reencontraremos con los grandes sofistas e iremos recobrando el interés por la vida.

Yolanda Hernández
colaboradora en el proyecto “Enfocar de nuevo”

Paisaje de infancia

El paisaje de infancia que veía para llegar a la escuela primaria, era de casas a medio construir y era encontrarse con “La Jova”, mujer robusta de color gris y caminar lento, cargando una vida en bolsas de plástico.

Ella era la síntesis de mi más grande temor sembrado por mi madre. Nunca me acerqué y nunca me pregunté qué había en su mundo, la quería hacer desaparecer, como si ello fuera a borrar toda posibilidad de fracasar en la vida.

Ha pasado mucho tiempo. Me encuentro celebrando 50 vueltas al sol para ser exactos, sentado en el centro de acogida “San Isidro”, comiendo un cocido madrileño en bandeja de plástico y rodeado de “Jovas”, como si el destino me interpelara a reconciliarme con mis fantasmas.

Tardé mucho en enfocar de nuevo para cambiar mi percepción y ver otros mundos, otras formas de vivir y de ser; la vida se ha encargado después de todo, de situarme donde tengo que estar para desaprender.

En este último mes y medio me llevo conmigo muchos abrazos y he visto muchas sonrisas de satisfacción, las más grandes de mi vida, gracias a la complicidad de una “loca” que en su viaje a Ítaca me ha convertido en su “Sancho Panza”.

Ricardo G. Bugarín
Diseñador Equipo Creativo

Y sobre todo, mil veces sobre todo, gracias al equipo de Virgen de Nuria

No soy capaz de elegir ninguna de las historias vividas. Todo empezó, con Ricardo, el día en el que apareció en “Luz Casanova” un usuario que hizo una figura de papel con una hermosa cabeza llena de pelo ensortijado. Recuerdo cómo, en un momento determinado, comenzó a cantar y a bailar, a la manera en la que solo los marroquíes lo saben hacer, y en aquel instante hasta las moscas detuvieron su vuelo.

…En “San Isidro” y de la mano de Maribel, facilitadora de todo, revivo el día en que agarré a un usuario del brazo, para arrastrarlo hasta el taller de pintura, y resultó ser la Rosi, una belleza de mujer gitana que nunca podré olvidar.

Y qué decir de la persona que se presentó en el taller de “La Rosa” con una cabeza entre las manos envuelta en cinta de embalar transparente. Se puso a mi lado y me habló de tantas cosas de la vida que yo no imaginaba…

En SERCADE, la gran sala se llenó de altos cuerpos negros y en el trasiego de cajas y colores me olvidé de las pateras; también me olvidé de las concertinas y de las mantas en la calle atadas con cuatro cintas en forma de cometa invertida; porque eso es lo que son, verdaderas cometas invertidas que vuelan al son de las sirenas de la policía.

“Bokatas” y todo un domingo disfrutando entre personas que, aunque duermen en la calle, muchas veces a temperaturas bajo cero, son capaces de dar abrazos cálidos, miradas cálidas, sonrisas cálidas…

En “Puerta Abierta” nos esperaban con las cajas de colores desplegadas y con las ilusiones a flor de piel en una emoción que contagiaba. Los rodillos saltaban solos mientras se mezclaban de azul y amarillo, de rojo… La magia salía de entre sus dedos convirtiendo el triste blanco de las cajas de cartón en brillantes colores para alegrar aquel momento de nuestras vidas.

“Cedía” y un día hermoso. “Candelitas” con su cercanía, su entrega, su colaboración. “San Juan de Dios”, un espacio donde dimos la vuelta al mundo del color y de las formas.

“San Martín de Porres” y la entrega de sus monitores en un hermoso proyecto de igualdad. “Geranios” y un día de entrega y sentimientos fuertes. “Luis Vives” y su gran participación.

Y cómo no mencionar a Ricardo, mi socio, sin el que no hubiera sido posible este proyecto, a Elena Valverde (mi amiga), a Elena Ayuso por su cercanía, a Julia con su fuerza y a tantas y tantas personas que no caben en este pequeño relato y que son las verdaderas protagonistas de esta increíble historia.

Mariví Escribano
Diseñadora Equipo Creativo